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El Guateque y una cena de gala inolvidable

A lo largo de la historia del cine se han rodado muchísimas historias en torno a una mesa. Secuencias con identidad propia, excusa para presentar personajes y tramas, argumento central de una historia, escenario de innumerables giros de guión. El poder tener a un numero indeterminado de personajes en un único espacio, al que poder observar cubierto en mano, atrae de manera irremediable a todo tipo de espectadores.


Una de nuestras secuencias favoritas con una gran mesa como elemento central pertenece a El Guateque (1968), una película disparatada, delirante y loca. Es la primera colaboración de Peter Sellers y Blake Edwards, dos genios de la comedia, fuera de la saga de La Pantera Rosa, y la primera vez que Sellers rueda en Hollywwod.


En la película conocemos a Hrundi V. Bakshi (Peter Sellers), un actor hindú que trabaja como extra en varias películas hollywoodienses, al que un día le llega su gran oportunidad como personaje principal de una película bélica. La torpeza de Bakshi junto con su mala suerte arruina el rodaje de la película y supone el despido del mismo con la posterior exclusión por parte del productor de cualquier futuro trabajo en Hollywood.



La trama se complica cuando Bakshi es invitado por error a una fiesta que organiza el mismo productor en su moderna y lujosa mansión. Una vez en la fiesta se irán desencadenando situaciones absurdas e impredecibles que convierten una aburrida cena de gala en una fiesta de la espuma desenfrenada y disparatada con un bebé elefante hippie y un grupo de músicos y bailarines rusos.


El carácter disparatado e impredecible de El Guateque surge directamente de la idea inicial de la película cuyo guión constaba solo de 56 páginas sin apenas diálogos con un step outline que permitió que se rodara en el mismo orden en el que iban a suceder las escenas para dar rienda suelta a las improvisaciones de los actores. La idea inicial era que fuera una película muda que homenajeara a algunos de los referentes del slapstick del cine cómico mudo como Keaton, Chaplin o Stan Laurel y Oliver Hardy.


El otro gran referente de la película es la figura de Jacques Tati y sus películas. Una de las cuales, Playtime (1967) sirve de inspiración para la secuencia de la cena. Es nuestra secuencia favorita y el motivo por el que queríamos hablar de esta película en Sabores de Cine.


Antes de la cena los invitados han podido dar buena cuenta de una montaña de caviar y todo tipo de bebidas con alcohol, menos Bakshi que no bebe, no fuma y no jura en hebreo. Una vez sentados a la mesa toman de primero un sopa de fresas, “muy agradable en verano, agradabilísima”. Fuera de la pantalla se suele tomar como postre acompañada de helado o combinada con sandía o frutos rojos. Hay excepciones, como en el restaurante Hofmann de Barcelona, donde han ofrecido en su carta una sopa de fresas con tomate, aguacate y anchoas, o en el Real Círculo de Labradores, con un salmorejo de fresas con queso feta y virutas de sardina ahumada.


De segundo, y como plato estrella, los comensales tienen lo que parece ser pollo asado con guarnición de tomate y judías con ensalada verde servida con la mano. Nosotros preferimos creer que es un plato algo más elegante y fino como un pichón de Cornualles, una becada, una pularda de Bresse, un capón negro o una grouse. Pero vamos, que cualquiera de ellos es válido para volar desde el plato de Peter Sellers hasta ensartarse en una tiara reluciente en la cabeza de una compañera de mesa y volver al plato con tiara, peluca y todo.



Vale que tiene toques de peli romántica y de crítica social, pero es una comedia pura en donde Edwards vuelve a la esencia del cine mediante el uso de un lenguaje gestual y visual puro al servicio de un tempo cómico magistral que nos deja una serie de tomas larguísimas, eternas para el concepto actual del ritmo en la narrativa audiovisual, cuya única justificación es la risa. La épica muerte de Hrundi V. Bakshi a toque de corneta, la conversación con el loro o el rollo de papel higiénico.


La genialidad derivada de las improvisaciones de Sellers se ve enteramente apocada durante la cena por la presencia del “mejor borracho de la historia del cine”. Steve Franken, un desconocido actor secundario, improvisa una borrachera in crescendo dejándonos una interpretación memorable y convirtiendo al camarero de la cena de gala en el arma secreta de este clásico del humor.


 
 
 

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